Implicancias emocionales de la celiaquía


Los celíacos deben aprender “de golpe” a convivir con la dieta libre de gluten y la celiaquía. Las psicólogas Paula Boullosa y Gabriela D´Alessandro proponen aprovechar la energía negativa que esto puede generar como un motor transformador.

Cuando nos adentramos en el mundo de la celiaquía encontramos un sinfín de información que suele estar relacionada, por un lado, con los síntomas e implicancias clínicas y, por otro, con la alimentación libre de gluten. Pero, en general, no es tan frecuente encontrar información acerca de las implicancias emocionales que el diagnóstico de celiaquía puede significar para un sujeto y su entorno.

En primer lugar, la celiaquía es la intolerancia permanente al gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, la avena, la cebada, el centeno (TACC) y productos derivados de estos cuatro cereales. Se presentaría en personas que tienen predisposición genética a padecerla.

Es una condición autoinmune, es decir que el sistema de defensa de los celíacos reconoce como “extraño” al gluten, y produce anticuerpos o “defensas” contra este. Y son precisamente estos anticuerpos los que provocan la lesión del intestino con destrucción o atrofia de su mucosa (capa interior del intestino) lo que produce una alteración en la absorción de los alimentos (cuadro de mala absorción).

La característica principal que define a esta atrofia vellositaria es que la mucosa intestinal se normaliza cuando se inicia la dieta sin TACC, según datos extraídos del portal de la Asociación Celíaca Argentina: www.celiaco.org.ar.

Cada persona reacciona de modo singular y diferente al comenzar una dieta libre de gluten. Nos encontramos “de golpe” con un diagnóstico clínico con el que hay que aprender a convivir: se debe realizar un gran cambio de hábitos alimenticios, lo cual no es nada sencillo, considerando que en nuestra cultura los alimentos a base de harinas con gluten son pilares de nuestra alimentación.

Esto también puede afectar al entorno social del sujeto. Muchos logran adaptarse e incorporar la dieta como parte de sus vidas, mientras que otros la padecen, sin hallar el modo de hacerla propia, ya sea por no poder sostenerla de manera continua o porque al sostenerla lo hacen con un elevado costo emocional.

Esto puede manifestarse a través de un profundo descontento, tristeza u enojo, llegando incluso a situaciones de aislamiento social. Estos sentimientos a veces se dirigen hacia el afuera, hacia diferentes “otros” que, en alguna situación específica, no contemplaron la alimentación libre de gluten para el celíaco, y se convierten así en los “culpables” del malestar que genera esa situación. El paciente podría llegar a sentir que su semejante no estaría reconociendo sus necesidades o algunas veces puede vivir ese hecho como un acto de discriminación.

Siempre hay diversas formas de “leer” un evento

Ante estas situaciones en la que sentimos impotencia, vale la pena preguntarnos cómo convertir el enojo (que a veces suele ser una forma de angustia enmascarada) en un motor para transformar nuestra realidad. ¿Cómo puedo repensar estas circunstancias que parecen negativas, para dar lugar a una solución?

Cada vez que algo nuevo aparece en nuestras vidas quiebra el curso de nuestra rutina y nos invita a descubrir otras maneras de hacer lo que siempre hacíamos, renovando la mirada sobre nuestro alrededor, sobre las personas que nos rodean, sobre nosotros mismos, sobre lo que hacemos, pensamos o decimos.

Es muy valioso poder recibir el diagnóstico en un entorno de contención y orientación en todos los niveles (clínico, nutricional, psicológico). Esto puede marcar una diferencia a la hora de comenzar la dieta, de modificar hábitos, y de transitar las distintas situaciones que se van presentando cuando una persona inicia su alimentación libre de gluten (ALG). Si desde el inicio se puede prestar atención a las distintas áreas del ser humano que se ponen en juego, será más fácil superar las resistencias y atravesar los momentos de conflicto con más y mejores herramientas.

El solo hecho de poder poner en palabras lo que uno va sintiendo y pensando ante distintos hechos, registrando estas emociones y llevándolas a un espacio cuidado, produce un alivio inmediato y genera calma.

En una segunda instancia, una vez que se pasó por ese momento de “desahogo”, se pueden empezar a pensar estrategias (siempre acordes a cada paciente, según su edad, su historia, su situación familiar, social, laboral, etcétera), y a liberarse de prejuicios y temores, para armar un camino propio, singular, un modo único de transitar la ALG, intentando que este cambio sea de la forma más armoniosa posible con nuestro estilo de vida, con nuestra forma de ser y de ver el mundo. La idea es que esta nueva condición no interrumpa nuestra vida convirtiéndose en una especie de centro o eje alrededor del cual deben girar todos nuestros movimientos.

Por el contrario, sería conveniente adaptar la ALG a quienes fuimos, somos y seremos cada uno de nosotros como totalidad. Así, los cambios resultarán menos invasivos para nuestra subjetividad. Además de ser “celíaco” o “celíaca”, nuestra identidad está compuesta por muchísimos otros aspectos: sexo, edad, ocupación o profesión, relaciones afectivas, gustos, hobbies, ideolo- gías religiosas o políticas, estilo de vida… Y la lista es inagotable. Es por eso que a partir del momento en que comenzamos a llevar una ALG, nunca debemos olvidarnos de que eso será solo una parte más de nuestras vidas. Y así, cuidando y alimentando todos los aspectos que forman nuestro ser, estaremos más fortalecidos y contaremos con más recursos para aceptar y vivir con naturalidad nuestro nuevo modo de alimentación.

Cuidado emocional del entorno 

 Otra intervención posible desde la psicología se presenta cuando algún miembro de la familia del paciente celíaco desea recibir orientación sobre cómo acompañar el cambio de hábitos que comenzará esa persona cercana y querida.

En una serie de encuentros, se puede trabajar sobre las fantasías o miedos que puedan surgir. Y pensar en cómo conservar la dinámica social, laboral y recreativa del grupo familiar sin que la ALG constituya un obstáculo (sino todo lo contrario). Esta novedad puede ser tomada por todos como una oportunidad, incluso para que las personas no celíacas del entorno del paciente se animen a nuevos lugares, nuevos alimentos y nuevas costumbres. De esta manera, resultará más práctica y relajada la adaptación del paciente a la dieta, sintiéndose más seguro y apoyado por sus afectos en este recorrido. Si las personas que rodean al paciente se encuentran informadas, contenidas y asesoradas en relación a temas emocionales, la ALG será integrada con mayor facilidad al núcleo afectivo de aquel que sigue la dieta. Y en poco tiempo, habrá un código compartido que generará tranquilidad y confianza en los sujetos involucrados.

 

http://www.celico.com.ar/

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