El Síndrome del Intestino Irritable (SII) y su relación con el gluten


Por este motivo, a menudo se confunde el Síndrome del Intestino Irritable con la celiaquía o la sensibilidad al gluten. Hoy vamos a intentar arrojar un poco de luz a esta dolencia y explicar qué relación tiene con el gluten.

 

Causas del Síndrome del Intestino Irritable (SII)

El Síndrome del Intestino Irritable no es una enfermedad, sino un conjunto de síntomas digestivos cuyos orígenes pueden ser muy diversos. La mayoría de expertos apuntan que se trata de un problema de salud que suelen padecer las personas nerviosas, con un nivel de autoexigencia elevado y que están sometidas a altos niveles de estrés.

Este síndrome también puede desencadenarse por alguna infección como la gastroenteritis, y además, al tratarse de síntomas digestivos, también puede esconder alguna intolerancia alimentaria. Las más comunes, al gluten, la fructosa o el sorbitol.

 

Relación del Síndrome del Colon Irritable con el gluten

Los médicos digestivos aconsejan descartar la enfermedad celíaca antes del diagnóstico del Colon Irritable. El motivo principal es que los síntomas digestivos del Colon irritable podrían esconder una enfermedad celíaca no diagnosticada. Sin embargo, ningún estudio médico revela que las personas con el Síndrome del Intestino Irritable tengan más posibilidades de desarrollar celiaquía.

Los síntomas digestivos del Colon irritable podrían esconder una enfermedad celíaca no diagnosticada.

A menudo, las personas con SII suelen tener problemas para tolerar bien el gluten, a pesar de no padecer la enfermedad celíaca. Aunque no hay estudios que determinen una relación directa entre estas dos problemáticas, sí que hay investigaciones médicas que establecen que el 63% de personas con SII mejoran al seguir una dieta sin gluten (a pesar de no ser celíacas).

 

Tratamiento del Síndrome del Colon Irritable

Lo importante en el caso de padecer  este problema de salud, es identificar los alimentos que te sientan mal y planificar una dieta sin ellos. Al principio, lo ideal es realizar una dieta con alimentos que sean fáciles de digerir como el arroz, la patata, verduras hervidas o alimentos a la plancha. A menudo se aconseja eliminar durante un tiempo algunos cereales de la dieta. Por ejemplo, seguir una dieta sin trigo o sin avena, ya que son cereales que pueden ser algo más difíciles de digerir.

También suelen sentar mal las legumbres, las especies, la bollería industrial, los precocinados y las bebidas gaseosas con cafeína o teína.

Por este motivo, el tratamiento más habitual consiste en un cambio en el estilo de vida: algunas modificaciones en la dieta alimentaria, más descanso y realizar deporte.

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