El maravilloso mundo del supermercado para alérgicos o intolerantes alimentarios


Hay unos seres que responden al nombre de alérgicos e intolerantes alimentarios que son muy fáciles de identificar cuando vas al supermercado. Por regla general suelen tener dos perfiles muy marcados:

El intolerante a la lactosa o celíaco en el supermercado

Suele estar desterrado en una zona aparte del supermercado. Los identificareis rápidamente entre las estanterías verdes o amarillas llenas de productos bajos en sal, bio, y aptos para celíacos o sin lactosa. Realizan su compra como el resto de mortales, tardan algo más porque deben verificar las etiquetas de los productos, pero en varios supermercados tienen una zona apartada en la lejanía que es donde suelen aglutinarse para comprar determinados productos.

Comprar para intolerantes alimentarios es un mundo, la gente se piensa que es muy fácil, “si es que ahora hay un montón de cosas sin gluten y sin lactosa” acostumbran a escuchar. Ya, por eso, donde los demás tienen 200 modelos de galletas, chocolates o panes, determinados colectivos sólo tienen dos, y encuéntrelos usted.

 

El alérgico alimentario o intolerante a sulfitos, fructosa, sorbitol…

Es decir, aquel que suele visitar el supermercado y debe llevar consigo el camping gas porque va a pasarse una media de 3 horas dando vueltas. Su velocidad de compra es… digamos que… sin velocidad.

Deben leerse y releerse las etiquetas, por ello, los puedes encontrar impasibles horas y horas en un mismo pasillo del supermercado revisando envases por todos los lados que existen.

Nunca volverás a comprar igual tras ir al supermercado con ellos, descubrirás palabras que ni siquiera sabias que existían en el noble lenguaje de Cervantes, tales como dextrosa, acidulante, maltodextrinas, emulsionantes… y otras maravillas que te harán pensar “¿Se puede saber qué narices como?”.

 

De compras sin gluten/huevo/leche/soja/frutos secos/…

Ambos perfiles cuando compran son como detectives en la  busca y captura de aquel producto que entre miles de opciones prohibidas pueden degustar. Ese momento, para ellos, es equiparable a encontrar oro en medio del supermercado: “¿Has visto? ¿Has visto? ¡Puedo comerlo!”.

Pocas veces los encontrarás en los apartados de bollería y dulces, suelen ser lugares vetados para ellos. Para el resto de compradores del supermercado pasarán desapercibidos, pero entre ellos se identifican con una velocidad pasmosa “¡Seguro que ese también es alérgico! Lleva una hora leyendo etiquetas” o “¡Mira, esta chica acaba de coger esto sin lactosa!”.

No se explica muy bien el por qué, pero cuando se identifican les hace sentirse algo mejor, suponemos que por no ser los únicos raros que se recorren el supermercado de pies a cabeza para llenar el carrito.

Pese a sus restrictivas dietas, suelen ser unos innovadores, ya que cuando encuentran algo que no han probado antes y que la etiqueta lo autoriza para la dieta del alérgico o intolerante lo lanzan de bruces al carrito para “ver que tal es”.

En fin, comprar con ellos es una aventura, y seguro que en cada supermercado hay más de uno. 

 

 

 

5 Allergy-peligros en el supermercado

Pues sí, aunque suene absurdo y hasta divertido, ir al supermercado con un alérgico o intolerante alimentario es una misión de alto riesgo. Esto es debido a que su día a día alimentario es como una montaña rusa y algo tan cotidiano como ir a comprar comida es toda una aventura. Hoy compartimos con vosotros los 5 Allergy-peligros que debemos tener en cuenta cuando vamos al supermercado.

Los cambios inesperados en el etiquetado

Son cosas que no te das cuenta hasta que convives con alguien con alguna alergia o intolerancia alimentaria. Este Allergy-peligro sucede más o menos así, encuentras un producto cualquiera y tras comprobar el etiquetado te das cuenta que puedes comerlo. Te lo llevas a casa, lo pruebas, te gusta y decides que ese producto (pongamos que es una caja de galletas) pasa a incluirse en tu compra semanal, así que las próximas veces que vas al supermercado ya sabes el estante, el precio y la cantidad que te vas a llevar. Sin embargo, tras meses consumiendo ese producto llega EL DÍA.

Ese día en el que mágicamente cambia el etiquetado: de repente el producto que antes podías comer, ahora resulta que ya no. Un cambio en algún proveedor o en la forma de manipular el producto y ahora en el listado de ingredientes incluyen unas dichosas trazas que te obligan a dejar de comprarlo. Y lo peor no es la rabia que te da al verlo, sino esa sensación de “menos mal que me he mirado los ingredientes”.

 

Confusiones en las zonas sin

Hay determinadas zonas del supermercado destinadas a productos dietéticos. Básicamente es una zona aparte en donde se encuentran los productos más especiales. Por ejemplo, los productos sin gluten, sin azúcar o sin sal. Siempre, siempre, siempre hay alguna confusión en las estanterías. Alguien que coloca algo sin sal en el estante de productos sin gluten, con el riesgo que ello comporta.

Mucho ojo y leeros siempre los ingredientes antes de comprar algo, que el envase del producto sea parecido no quiere decir que sea apto. Normalmente los productos sin sal, sin azúcar y sin gluten tienen apariencia similar, pero no significan lo mismo.

 

No listar correctamente los ingredientes

Cada vez el etiquetado es más específico, pero aun así, hay productos que no detallan del todo sus ingredientes. Esto comporta un riesgo importante para alérgicos e intolerantes alimentarios. Por ejemplo, que entre los ingredientes de una salsa aparezcan: “especias y aromas”. Nosotros nos preguntamos ¿Cuáles? ¿Qué tipo de especies? ¿Nos pueden afectar? Básicamente es un Allergy-peligro innecesario, que se solventaría indicando claramente todos los ingredientes.

 

Los clásicos envases abiertos

Otro Allergy-peligro son los pequeños duendes que viven en algunos supermercados y se dedican a abrir bolsas de harinas, galletas, fritos… y a esparcirlas por los estantes. Bromas aparte, hay veces que algunos envases de productos se rompen, los abren y dejan algunos estantes del supermercado hechos una guarrería.

Los alérgicos e intolerantes alimentarios solemos fijarnos en ello porque no es nada agradable comprar algo que ha estado bañado en el alérgeno.

 

La carnicería y la contaminación cruzada

Hay determinados supermercados que tienen su propia carnicería, pescadería o charcutería. Así que cuando preguntas al responsable si el jamón dulce es sin leche se suelen quedar un poco sorprendidos. Básicamente te dejan la etiqueta del trozo de carne que has pedido con un “míralo tú”. Así que ahí estás tú en medio del súper con una cola de gente y descifrando los ingredientes del chopped. Eso sí, tema aparte es la contaminación cruzada. La mayoría se te quedan mirando con cara de “¿Qué me estás contando?” cuando les pides que te limpien la máquina o que lo corten con un cuchillo diferente. Ni te imaginas la rabia que da quedarte sin tu embutido porque no lo han cortado como deberían.

 

http://allergychef.es/

 

 

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